El callejón de las botxerías

Para los Amigos de la Boina sí existen los lunes alegres

Por Jon Mujika - Martes, 4 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

AL ritmo supersónico al que transcurre la vida parece que les hablo desde los balcones de la prehistoria pero la historia comenzó antes, algo antes. En verdad nació a principios de los años noventa del pasado siglo, cuando se impuso una costumbre: todos los primeros lunes de cada mes se celebrará una comida organizada por la Asociación de Amigos de la Boina. La tradición nació en el restaurante Currito de Santurtzi, aquel que se llevo el vendaval de las ausencias y de los malos tiempos.

Hay lunes alegres, como se lo cuento. Lunes tan risueños y felices que parecen domingos, por mucho que se traten, carambolas de las carambolas, de primeros lunes de septiembre como el de ayer. Dices “hoy es primer lunes de septiembre” y a mucha gente le entran ganas de llorar, solo con la nostalgia que les provoca mirar al horizonte y ver lo lejos que queda el primero de julio o aquel que encabeza el mes de agosto, tan veraniegos. Pero ni siquiera esos evocan una sonrisa. Lo que gusta y alegra el cuerpo son los sábados, los domingos y demás fiestas de guardar.

A ese universo de la gente alegre pertenecen los protagonistas de hoy: los integrantes del Club de la Boina que puso en marcha Emilio González, Currito, allá por 1995, cuando, dicen, Juan Luis Burgos, amo y señor por aquel entonces de Altos Hornos, le apoyó en la idea. Hoy ha cambiado el escenario y faltan algunos, que la vida no perdona y se lleva a los mejores a los lunes eternos.Ya no existe la casa cuna donde nació todo pero en el horizonte aparece el Gran Hotel Puente Colgante de Portugalete que dirige Ricardo Campuzano,con la ayuda de Lorena Cuevasy Manu Barreraentre otros. “El local tiene posibles”, repetía ayer alguno de los presentes. La letanía tenía su porqué. Desde que Curritoy sus maravillosos tiburones de Santur-tzi(las sardinas, dicho sea para memoria de los más distraídos...) bajaron la persiana los amigos del club de la boina han practicado la trashumancia, un continuo movimiento en busca de fructíferos pastos. Julio, agosto y ahora septiembre, tres meses encadenados a los pies del Puente Colgante y ayer, en el aperitivo de vinos y guindillas, se les veía un brillo en los ojos: quizás sea esta la tierra prometida.

Se añoró en el encuentro a nombres de peso, al mismísimo Pablo Vélez,con un dolor de tripasdel corazón y a José Lejarraga, Petiso,quien avisó de su ausencia por ese mal tan propio de los vascos: la pirrilera.Se les echó de menos, digo, aunque hubo una notable afluencia. José María Cuestafue el hombre encargado de llevar las riendas. A su voz acudieron Francisco Lamprea, José María Domenech, José Rodríguez Sierra, José Antonio Ruiz, José Miguel Olano, Jesús Arberas,el txistulari Mikel Bilbao, Patxi Carbayeda, Juan Luis Aragón, Jesús Expósito, Iñaki Medallo, Roberto Díaz, Roberto Adán;el trompetista Raimundo Flores, Mundi,bien floreado;José Luis Echevarri, Sabino Larizgoitia, Sabino Aparicio, Javier González, Juan Cruz Hernández, Javier Rodríguez, Gonzalo Lieddemann, José Luis, El ruso;Jesús Alonsoy una legión de hombres que han apostado por dibujarle una sonrisa al calendario de los lunes como el de ayer, en el que Felipe Lozapresentó en el Palacio Euskalduna el musical Chichinabo cabaret,todo un despiporre que levantó olas de carcajadas, una de las más hermosas tempestades que pueden contemplarse. Se dio, además, la consolidación de un negocio lo que debiera escribirse no como lo he escrito sino en mayúsculas en tiempos como los actuales, de usar y tirar. La noticia fue que La Roca, el bar restaurante ubicado en el número 1 de la calle Ercilla, cumplió su decimoquinto aniversario. Sobrevivir a los avatares del día a día es una proeza, hay que reconocerlo. Por eso ayer lo celebraron por todo lo alto, con una sonrisa. Y eso que era lunes.