Mirar hacia otro lado

Las llamas del Museo y usted y yo

Por Mikel Mancisidor - Sábado, 8 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

el Museo Nacional de Brasil, en Río de Janeiro, ha sufrido este domingo un devastador incendio. Probablemente ha visto usted las espectaculares imágenes del incendio y ha leído algún reportaje en que se describen los tesoros perdidos.

El Museo albergaba unos 20 millones de piezas de las que podría haberse perdido un 90%. Entre ellas nos encontramos con colecciones únicas de culturas indígenas, patrimonio material e inmaterial de culturas ya extintas, registros únicos y no copiados de lenguas y músicas desparecidas. Se han calcinado colecciones botánicas y zoológicas de especies perdidas y por lo tanto información de interés científico irrecuperable. Se han perdido los restos humanos más antiguos de América. Hemos perdido historia colonial y arte egipcio, griego y romano. Se trata de una enorme pérdida cultural para Brasil y para el mundo, puesto que los bienes quemados son por definición patrimonio de la humanidad: su riqueza artística, su valor cultural y los secretos que albergaban a la espera de los investigadores que los desentrañaran, nos pertenecían a todos.

Es paradójico, resulta casi ridículo, pero es real: usted y yo hemos perdido en Brasil esta semana parte de nuestra memoria, de nuestro patrimonio, de nuestra riqueza, aún cuando no supiéramos de su existencia.

Durante esta semana hemos sabido de los recortes en cultura, de las lamentables condiciones de mantenimiento y seguridad del Museo. Ha habido tiempo para culpar con justicia a los políticos, a los responsables del gobierno, por su desidia, por su criminal desinterés por la cultura en un país de enormes riquezas, que dilapida sus recursos en gastos superfluos y suntuarios y en una corrupción infinita que carcome la estructura del país. Bien, yo me sumo a la denuncia, pero sobre eso ya está todo dicho: quisiera ir un poco más lejos.

Culpar a los políticos es justo, pero es insuficiente. Los políticos ponen su atención donde la ponen sus electores. Un estudio revelaba que los brasileños que habían visitado este Museo eran la mitad que los que habían visitado el Louvre. Todos lamentarán profunda, sincera y justificadamente la pérdida, pero pocos disfrutaron del tesoro mientras se podía.

Nuestro interés real se mide en tiempo y en dinero. ¿Cuánto tiempo hemos dedicado usted y yo a los museos o exposiciones de nuestro país?, ¿cuánto tiempo he pasado en sus bibliotecas o salas de concierto o de teatro estos últimos meses?, ¿cuántas entradas de museo o de teatro o de conciertos he comprado?, ¿cuántos libros he comprado?, ¿cuántas visitas culturales he hecho este verano?, ¿a cuántas conferencias asistí el curso pasado?, ¿cuánto tiempo dedico a participar voluntariamente en las actividades culturales o patrimoniales de mi entorno?, ¿cuánto tiempo dedico a la programación cultural en relación al que dedico al fútbol o a los cotilleos? (pienso, por ejemplo, en la radio y televisión públicas, en tres programas ejemplares en ciencia, literatura e historia, respectivamente: La Mecánica del Caracol, Pompas de Papel y Una Historia de Vasconia.)

En esta relación de nuestro tiempo y de nuestro dinero está la medida de nuestro interés en la cultura, la ciencia o el patrimonio, nuestro interés por su protección y difusión. Nada podemos hacer por el tesoro que hemos perdido en Río, pero podemos hacer mucho por el patrimonio que nos toca conservar y promocionar: no sólo ni principalmente mirando al gobierno, sino organizando nuestro tiempo y nuestro bolsillo.

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