Pekín y Bilbao unidos por el amor a la pintura

Yuan eligió la capital vizcaina para realizar un máster y el doctorado en la facultad de Bellas Artes de la UPV/EHU

Un reportaje de José Basurto - Domingo, 9 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Ala joven Ruonan Yuan, nacida en Pekín hace 27 años, le “sonaba” Bilbao “por el Guggenheim”, pero apenas sabía situar en el mapa la capital vizcaina. Sin embargo, su interés por proseguir sus estudios de posgrado le llevaron hasta la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco. “Yo quería estudiar algo sobre pintura occidental y vi que aquí, en la UPV, había un máster especial de pintura”, recuerda ahora, cuando ya han pasado cinco años desde que piso por primera vez tierra bilbaina. Así que no se lo pensó dos veces, hizo las maletas y se presentó en Bilbao con unas enormes ganas de aprender y completar su formación. Hoy en día se puede decir que lo ha conseguido con creces. Tras finalizar el máster se animó a hacer el doctorado, objetivo que ha cumplido el pasado mes de junio. Ruonan Yuan se ha convertido de esta forma en la primera mujer china doctora en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco. Y aunque reside en Pekín, donde imparte clases de pintura en una universidad de la capital china, le gustaría seguir manteniendo una estrecha relación con la UPV “porque los profesores son buenísimos”, que podría materializarse en intercambio de alumnos y conocimientos.

La primera impresión que Yuan tuvo cuando llegó a Bilbao fue de “tranquilidad y humedad”. Recuerda perfectamente aquel día. “Era octubre y llegué por la noche, sobre la una de la madrugada, se veía que había llovido”, rememora. Aun así, afirma que “me gustó mucho”. Con su equipaje se desplazó hasta una residencia de monjas que se encuentra junto a la Universidad de Deusto. “Era la primera vez que salía de casa”, dice como para justificarse. Corría el año 2013 y Yuan apenas tenía 22 años.

Llegó con unos conocimientos más que básicos de castellano, adquirido en Pekín gracias a una previsión de futuro que había hecho gracias a su padre. “Él habla castellano por su trabajo, ya que tiene relación con países latinoamericanos por negocios”, desvela. Así que Yuan se inició en la lengua española en el Instituto Cervantes de Pekín a los 18 años, antes de entrar en la universidad. Tras graduarse decidió que era el momento de emprender el vuelo para ampliar conocimientos. Fue entonces cuando descubrió Bilbao, el País Vasco y la UPV. “Decidí venir aquí porque el máster de pintura que ofertaban era más práctico que teórico y divertido”, recuerda. No se confundió. Le “encantó” el máster, sus profesores y los compañeros de clase. A pesar de ello, cuando finalizó los estudios volvió a China. Allí sacó plaza en una universidad de Pekín, pero nunca se olvidó de Bilbao. De hecho se fue barruntando la idea de realizar el doctorado en la Facultad de Bellas Artes de la UPV, que ha llegado a hacer realidad.

Tesis doctoral Después de tres intensos años de estudio y de sacrificio, a caballo entre Bilbao y Pekín, privándose de sus vacaciones, la tesis doctoral escrita por Yuan ha sido merecedora de un sobresaliente. Se titula: “El optimismo social y su plasmación pictórica. Desarrollo gráfico de fusión entre las utopías visuales chinas y occidentales”. Sin que le preguntemos, ella misma trata de explicar el contenido y fundamento de sus tesis. “He querido investigar”, dice, “sobre la diferencia de imágenes que hay en la pintura sobre los mismos temas, las imágenes occidentales son tristes y las chinas son alegres, de felicidad”. Yuan afirma que “me di cuenta de que en el mundo occidental hay bastantes imágenes sobre guerras, sangre, caras tristes, desgracias y en el mundo de las imágenes chinas la mayoría son sobre la felicidad”. Confiesa que “igual es utopía y no es la verdad”, pero ella quería reflejar esa contraposición que a su juicio había en la pintura china y en la occidental.

Gastronomía El resultado es un precioso dossier muy gráfico que a Yuan le gustaría publicar “en chino y por qué no en castellano”. Para confeccionar la tesis doctoral ha contado con la inestimable ayuda de su compañero de máster Félix Macua, que le ayudó en la traducción de los textos, ya que ella escribe inicialmente en chino, “porque me resulta más fácil”, y luego los pasa al castellano. También le ha contagiado el gusto por la gastronomía vasca. “Me gusta el marisco, pero lo que más, las kokotxas”, dice sonriendo. Lo que no le acaban de convencer son los restaurantes chinos que hay en la capital vizcaina porque “ellos hacen más comida del sur y tienen un sabor diferente a lo que se cocina en mi casa”.

Pero no solo de la comida se lleva un buen recuerdo. También del paisaje. Pero sobre todo de las personas que ha conocido a lo largo de estos años. “La gente es superamable”, dice, “y los profesores de la facultad buenísimos, se han portado muy bien conmigo, me han ayudado mucho”. Por eso, le gustaría seguir manteniendo la relación. “Me llevo un buen recuerdo”, confiesa, “y me daría mucha pena perder los contactos”. Por eso, Yuan está dispuesta a mantenerlos “para ver si en un futuro hay alguna oportunidad de dar algunas clases aquí o bien que haya intercambios entre alumnos chinos y vascos, hacer algo entre las dos universidades”. Seguro que lo consigue porque Yuan ha demostrado con creces que es capaz de alcanzar objetivos muy difíciles. Con apenas unos conocimientos del idioma ha conseguido un máster y un doctorado en tiempo récord. Todo ello por su amor a la pintura, que gracias a sus tesis doctoral hay más puntos de conexión entre las imágenes chinas y las vascas.