Jon Fernández Director gerente de orbea

“Las bicicletas eléctricas serán en cuatro años el 40% de nuestra facturación”

Jon Fernández, director gerente de Orbea. (RUBÉN PLAZA)

El ‘boom’ de la venta de bicicletas eléctricas ha permitido a Orbea aumentar, en tan solo un año, su plantilla en cien personas, hasta alcanzar los 350 trabajadores

Una entrevista de Alex Zubiria Fotografía de Ruben Plaza - Domingo, 9 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

donostia - Orbea nació en 1840 como fábrica de armas de fuego, pero tras la I Guerra Mundial la empresa se centró en la fabricación de cochecitos, pupitres y, finalmente, bicicletas. En 1971, la fábrica ingresó en la Coorporación Mondragón y cuatro años después, trasladó su sede a Mallabia, desde donde expandió su área de venta al mercado internacional hasta alcanzar las 250.000 bicicletas anuales de producción. Una cifra que en breve se quedará pequeña gracias a la fabricación de bicicletas eléctricas. Así lo indicó el pasado viernes su director gerente, Jon Fernández, quien participó en el curso de verano de la UPV/EHU Diseñando la movilidad del futuro. Movilidad eléctrica y sostenible, donde apuntó que, gracias al elemento eléctrico, en marzo del próximo año Orbea triplicará sus datos de octubre de 2015.

¿Cuál es la estrategia de Orbea en el campo de las bicicletas eléctricas?

-La bicicleta eléctrica supone hoy en día el 20% de la facturación, pero nuestras previsiones apuntan a que en cuatro años sea el 40%. Tienen que ser nuestra palanca de crecimiento, además de ser un elemento transformador. Tenemos que desarrollar todas las competencias que en estos momentos exige ese nuevo mundo eléctrico.

Por lo tanto, no es una moda pasajera, ha venido para quedarse.

-Ya se ha quedado. Hace 25 años podíamos pensar que la bicicleta de montaña iba a ser una moda pasajera y ya vimos que no. La irrupción de las bicicletas eléctricas en la industria ha sido tremenda;ha incorporado nuevos proveedores que vienen de la automoción y está cambiando los canales de distribución, los clientes e incluso los propios escenarios de competencia. Hay marcas que ya han nacido con el mundo eléctrico.

No es el caso de Orbea. ¿Desde cuándo empezaron a interesarse por ese mundo?

-Nosotros llevamos observando el mundo eléctrico desde los orígenes. En un primer momento, no lo interpretamos correctamente, pero haciendo un seguimiento profundo, claramente con interés, apostamos por él desde hace aproximadamente cuatro o cinco años.

¿Cuál es su público objetivo?

-Existen dos grandes mercados: el de movilidad urbana y el deportivo. Nuestra facturación, por identidad de marca, está centrada en lo deportivo, con el 80% de la facturación, a pesar de que el volumen de negocio sea mayor en el urbano. Nuestras ventas están muy enfocadas en las bicicletas eléctricas de montaña y carretera.

En lo que respecta a la movilidad urbana, ¿nota que en Europa las bicicletas eléctricas están más implantadas en la sociedad?

-El elemento cultural lo tenemos que trabajar. No es propiedad del mundo eléctrico urbano, porque en el mecánico también sucede. Es decir, culturalmente los países mediterráneos no son sociedades que vean en la bicicleta un elemento de movilidad.

En Valencia, el servicio de patines eléctrico se ha suspendido, ya que el espacio urbano no puede absorber a todos. ¿Cómo pueden convivir todos estos nuevos transportes?

-Creo que la bicicleta eléctrica es un elemento de movilidad clásico en las ciudades y que cada vez va a tener más importancia. La irrupción del mundo eléctrico en la bicicleta ha permitido que podamos competir de tú a tú con otros elementos de movilidad como son las motocicletas. Hoy en día, con los límites de velocidad que se están poniendo en las ciudades de conducir a menos de 30 kilómetros por hora, la bicicleta está en términos de igualdad. Por lo tanto, es bastante lógico pensar que va a ser un vehículo cada vez más presente en nuestras ciudades. Por ese motivo, hay un deber con respecto al ordenamiento de la circulación de vehículos. Tenemos que ser capaces de convivir todos.

¿La sociedad está concienciada de que la bicicleta eléctrica también puede ser un vehículo peligroso?

-Lo que tienen que entender es que la bicicleta eléctrica es una asistencia, no un vehículo que va solo. Te ayuda a alcanzar los 25 kilómetros a la hora, pero después deja de hacerlo. Por eso, cuando hablamos de su peligrosidad, no me refiero a su velocidad, sino en que en las ciudades van a estar cada vez más presentes y se necesita de un ordenamiento para evitar cualquier problema.

A día de hoy, ¿su precio puede ser un hándicap?

-Las tecnologías cada vez se depuran más, por lo que acabaremos por alcanzar precios más competitivos. La gente está dispuesta a invertir con cierta alegría una cantidad importante en una bicicleta eléctrica deportiva, su producto de ocio, pero no en la urbana. La razón es que un gasto de entre 3.000 y 4.000 euros debe exigir cierta seguridad como un lugar donde poder dejarlas. La gente se retrae de comprarlas porque ahora mismo no puedes dejar las bicicletas en una ciudad de manera segura.

¿Investiga Orbea para mejorar aspectos de la bicicleta eléctrica como es el caso de las baterías?

-Tanto a nivel electrónico como de sensorización desarrollamos diferentes líneas de investigación. En baterías y en motores hemos hecho esfuerzos de inversión importantes.

¿Cuánto puede durar una batería?

-Depende mucho de lo que le exijas a la asistencia, del recorrido que realices y del peso del ciclista. En situaciones estándar, con una de carretera puedes pedalear entre 70 y 80 kilómetros sin problemas, mientras que en las urbanas y en las de montaña hablamos de 40 o 50 kilómetros.

En el futuro por lo tanto, ¿ve que las eléctricas pueden acabar con las mecánicas?

-No creo que vaya a haber un desplazamiento, sino una convivencia. Lo que sí que veo es que las bicicletas eléctricas van a estar en todas las categorías de producto y que la mayor parte de facturación de las marcas va a provenir de ellas.

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