El rincón para todo de Lanestosa

Francisco Izquierdo representa la cuarta generación familiar que se sitúa tras el mostrador de El Arka de Noé. (E. Castresana)

Francisco Izquierdo regenta la abacería que puso en marcha su bisabuela hace unos cien años
A un paso de la plaza de la villa, el local es comercio, bar y punto de encuentro para los vecinos

Elixane Castresana - Lunes, 10 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Lanestosa - Abacería. Dícese de “una especie de bazar”. La descripción de quien mejor conoce el lugar da algunas pistas sobre lo que se puede hallar en el interior de esta tienda para todo de Lanestosa que lo mismo despacha el periódico, que se convierte en bar donde la función de las cazuelas que cuelgan del techo no se limita a lo puramente decorativo. Por algo se llama El Arka de Noé -“escrito así, con la k”, remarca-, el sitio donde se encuentra casi de todo. Quien aporta la definición es Francisco Izquierdo, la cuarta generación de la saga familiar al cargo de uno de los pocos establecimientos de sus características que subsisten.

Hará “aproximadamente cien años” que este singular comercio levantó la persiana, “en tiempos de mi bisabuela, Margarita Gómez”, cuando “las herramientas y el carburo para los candiles de los mineros” eran el artículo más codiciado entre los lugareños del municipio más pequeño de Bizkaia en una economía basada en la labranza y la extracción del mineral. La abuela de Francisco y otros parientes regentaron el negocio mientras su padre estuvo en el frente durante la Guerra Civil. El actual alma máter de la abacería lleva detrás del mostrador 33 años y ya ha cedido el testigo en ocasiones a su hija, que encarna el quinto eslabón de la cadena, aunque se muestra pesimista con respecto al futuro del negocio: “cuando yo me jubile, seguramente cerraremos”, vaticina con pesar.

El espacioso local siempre se ha asentado en la misma casona de piedra a un paso de la plaza. De hecho, “mi madre sigue viviendo en el piso de arriba”, apostilla Francisco Izquierdo. Tampoco ha cambiado el letrero en la fachada o el papel de guardián de las llaves de la iglesia que asume el encargado de la abacería. Ahora se trata de un gesto más bien simbólico. Antes, “resultaba de vital importancia correr a tocar las campanas si se declaraba algún incendio”. Recuerda que en su infancia sin salir de Lanestosa “se podía elegir entre lo menos cuatro tiendas del mismo tipo que abastecían a Karrantza y el valle de Soba”, ya que la localidad era zona de paso imprescindible desde Cantabria hasta Enkarterri y la meseta, como en los tiempos en que el séquito del emperador Carlos I cruzó Lanestosa camino de su retiro en el monasterio de Yuste. De las escuelas municipales “salíamos 50 chicos y 40 chicas”. Había clientela debido a la alta tasa de natalidad, pero era una época dura en la que “sobrevivíamos como podíamos”.

Oferta por el local Paradójicamente, las comodidades de la vida moderna, como la generalización de los vehículos privados, han repercutido de forma negativa en la travesía de El Arka de Noé, al facilitar el acceso a las grandes superficies en núcleos más poblados. Una de ellas tentó a la familia Izquierdo hace décadas con comprarles el local, pero se mantuvieron firmes y fieles a su medio de vida a lo largo de un siglo.

¿Quién, si no, iba a solucionar esas emergencias que a todo el mundo se le han presentado en el instante más inoportuno? Unos necesitan “jabón para lavar a mano o pastillas de sal”, otros, “tenazas o cargadores para el teléfono móvil o rollos de alambre de espino para cercar las parcelas”. A día de hoy el municipio encartado cuenta con “cerca de 200 habitantes” que crecen en época de verano con el retorno de descendientes de nestosanos por vacaciones para reencontrarse con sus orígenes y desconectar del estrés de las ciudades en un entorno más tranquilo.

Para que dispongan de todo cuanto necesitan, el almacén de El Arka de Noé se repone con asiduidad. Solo Francisco y los familiares que despachan conocen dónde se pueden encontrar con exactitud todos los objetos que esconde el bazar.

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