GRAN PREMIO SAN MARINO

Andrea Dovizioso ratifica la abundancia de Ducati

GANA PARA DAR CONTINUIDAD EN EL GP DE SAN MARINO a la jerarquía adquirida por la marca, A PESAR DE LO CUAL MÁRQUEZ AMPLÍA SU VENTAJA EN EL MUNDIAL

Eduardo Oyarzabal - Lunes, 10 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

bilbao - El dilema que asiste a Marc Márquez es: permanecer fiel a su filosofía, correr cada vez que se aúpa sobre la moto como si estuviera arruinado, o economizar su ventaja como líder del Mundial, erradicar riesgos para no comprometer el título apelando a la receta del conformismo.

La respuesta se la ofrece Ducati, la máquina erigida en los últimos tiempos de carreras como referente de la parrilla. “Luchar con las Ducati es algo de otro mundo”, describió ayer el catalán, agarrándose a la lógica de su compostura, justificando su actitud. Porque Márquez, aunque estratosférico, es terrenal;se ha encomendado a la gestión de su generosa renta. El poderío de Ducati le ha impuesto la serenidad, la sensatez humanoide, dejando aparcada una visceralidad inconveniente tal y como está el panorama. Ante el atisbo de una época de vacas flacas, la posibilidad de derrochar no es la mejor opción ante la opulencia de una máquina que acerca amenazantes a sus rivales, a los Andrea Dovizioso y Jorge Lorenzo, astronautas a lomos de cohetes. Rocketmans.

“No pensé que podía ganar de esta manera”, expresó Dovi con cara de pillo, tras una oda al escapismo, a la soledad del éxito. ¿Cómo que no? Hoy por hoy, propulsado por una Ducati, todo es posible. Incluso transformar a Márquez y su protocolo de actuación, escrito por las ansias de gloria, ahora reprimidas, aparcadas hasta que amanezcan tiempos de bonanza más propensos para ser generosos con el riesgo exigido para ganar.

Reflejo de la moderación de Márquez, que se proyecta con regularidad y no estridencias, es que lleva seis carreras seguidas en el podio, lo que no conseguía desde 2014, con la diferencia de que ahora suma dos triunfos en ese ciclo, y entonces contaba las ascensiones a los cajones por victorias. Ahora toca sumar. Represión.

“He sufrido”, confesó Márquez, cual res viaja desde el matadero hasta la carnicería, con el gancho ensartando el gaznate. Así rodó Márquez en Misano, con la tirantez de su orgullo a rebufo de las Ducati. Porque Lorenzo y Dovi, a relevos, quebraron el grupo en el Gran Premio de San Marino con un único superviviente a rueda, Márquez. Lo hicieron en apenas tres vueltas. Las Ducati despegaban con el lastre de una Honda;las Yamaha viven de recuerdos de gloria, porque el presente es desolador;ayer, con Viñales en quinta posición y Rossi octavo, certificaron la peor racha de la historia de la marca: 22 carreras sin ganar.

El impetuoso Lorenzo, de dulce y sin privaciones porque no se juega nada, descorchó la carrera mandando. Este curso, con lo discreto que empezó el mallorquín, se ha convertido en una transición con la mera ambición de poner en pista el amor propio. Corre desabrochado de exigencia. Holgado porque se sabe con opciones de ganar pero con apenas esperanza de título.

dovizioso cambia el compás Dovi dejó madurar el fruto del liderato, entablando una fase analítica sobre su compañero y primer rival. Cuando atisbó las flaquezas de Lorenzo, pasó al abordaje. Con pata de titanio y parche de carbono, Dovi se lanzó para profetizar en su tierra. A la conquista. Cambió el compás. Un ciclón.

En esas, siendo pujador Dovi, Márquez quiso reaccionar y se enzarzó con Lorenzo en una refriega de dos vueltas que benefició a Dovi, que se fue a los 2,5 segundos de distancia. En el debate de podio ganó el que montaba la Ducati: Lorenzo. Márquez guardaba la ropa. No está para caídas más que las de los entrenamientos, como la sabatina, cuando no hay puntos en juego. Dovizioso transmitía solvencia, garantías de victoria.

De pronto Lorenzo vio una luz, el faro de la victoria;recortó un segundo a Dovi en apenas dos vueltas. Restaban cuatro giros. El mallorquín hizo cálculos riesgosos y, sin mirar al campeonato, lanzó el órdago. “La segunda posición me sabía a poco”, diría a la postre. El énfasis de Lorenzo, con Márquez de espectador sorbiendo rebufos, le llevó contra el asfalto en la penúltima vuelta, cuando estaba a 1,4 de Dovi. Lorenzo lograría levantar su máquina y ser decimoséptimo. Entonces sí, el italiano quedaba exento de enemigos. Limpieza de acelerador. “El objetivo era ser segundo y perder 5 puntos”, dijo Márquez. Quién lo diría. Con renuncios el catalán. Ahorrador. Si bien, con la cabeza en el frigorífico puede hacer rentables cuentas de lechera: aterrizó en el circuito Marco Simoncelli con 59 puntos sobre Rossi y despega con 67 sobre Dovi con seis carreras por delante. “De 5 en 5 no nos atrapan”, se consuela Márquez.

Pero también puede pensar en pan para hoy y hambre para mañana. Su cruda realidad es que las Ducati se las gastan intratables. De no ser porque en el seno de la marca se reparten sopas con honda entre sus inquilinos, dos gallos en el corral, pintaría peor. “Hay buena parte de esta victoria en la Ducati”, transmitía honesto Dovi. Una actualidad ratificada ayer, la abundancia de la moto italiana, que no ganaba en Misano desde 2007.