taller de fisioterapia

Los riesgos de la música

Una de las responsables del taller ayuda a un músico a corregir su postura durante un ensayo. Fotos: UPNA

Un taller de fisioterapia de la Universidad Pública de Navarra busca prevenir las lesiones y mejorar el rendimiento de los instrumentistas, que sufren en muchos casos una gran carga física y lesiones

Un reportaje de Andrés Portero - Lunes, 10 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

bONO se quedó sin voz hace unos días en escena mientras que Eric Clapton y Phil Collins arrastran diferentes dolencias musculares que les han obligado a abandonar las giras. Es solo la punta del iceberg de las lesiones y dolencias que padecen los músicos, un colectivo que vive “una profesión de riesgo”, ya que suelen “cuidar más el instrumento que a sí mismos”. Así lo asegura Ana Ibáñez Pegenaute, una de las responsables del taller de fisioterapia que ofrece estos días la Universidad Pública de Navarra (UPNA), para prevenir las lesiones y mejorar el rendimiento de los músicos. “Tendrían que calentar y estirar siempre, como los deportistas”, apostilla.

El trabajo del músico está asociado al éxito y a la fiesta, en el caso del rock y del pop, y a la cultura en el caso de las formaciones orquestales. En pocos casos se considera un trabajo duro por el público que acude a los conciertos, que desconoce la gran carga física que acarrea y que, en muchos casos, puede hasta desencadenar una lesión (tendinitis, sobrecarga muscular, síndromes del túnel carpiano o de Satchmo...) que le incapacite para proseguir con su actividad.

Esa carga física es fruto del sostenimiento del instrumento, las posiciones forzadas y la repetición de movimientos y gestos. Son los factores de riesgo principales de los instrumentistas. “Ya empiezan a ser conscientes porque sufren las dolencias. Hasta ahora sabían la lesión que tenían pero no la razón, que se debe a que hacían algo mal. Al compartirlo, ven que es algo habitual”, explica Pegenaute, integrante del Departamento de Ciencias de la Salud de la UPNA.

Ella, junto a su compañera de departamento María Ortega Moneo, lidera el Taller de fisioterapia y música: estar bien, tocar mejor, que ofrece la universidad navarra esta semana y la siguiente, y cuyo objetivo es prevenir las lesiones y mejorar el rendimiento de los instrumentistas, tanto si el músico es profesional, aficionado, estudiante o profesor de conservatorio. “La música es una profesión de riesgo debido a los gestos expositivos y a la cantidad de horas que dedican a los ensayos”, analiza.

En el taller se está explicando a los alumnos que algunos estudios evalúan en un 85% el porcentaje de músicos que “presentan lesiones musculares”. Y va más allá Pegenaute al señalar que “algunos deben abandonar la profesión porque no pueden seguir el ritmo o no ponen solución” a sus dolencias. ¿Y cuáles son estas? La mayoría son lesiones musculo-esqueléticas que afectan a la cabeza, el cuello, la mandíbula, las extremedidades superiores, el hombro, el codo y la mano.

En la información suministrada a los alumnos se recoge que estas lesiones pueden ampliarse a alteraciones oculares o visuales, dolores en la boca y dientes en el caso de los instrumentistas de viento o en violinistas debido al apoyo del instrumento en la mandíbula, y problemas auditivos, de sordera o acúfenos en el caso de los músicos veteranos. “Pocos utilizan tapones para los oídos. Solo uno de 13 en la primera clase del taller”, explica Pegenaute antes de señalar que “casi todo el cuerpo está expuesto, si sumas los problemas de voz, síndromes de compresión nerviosa, el miedo escénico o el estrés, que suele aflorar cuando hay problemas físicos”.

A mejorar Los asistentes al curso podrán ser capaces de identificar las posturas, movimientos incorrectos, los gestos musicales potencialmente lesivos que realiza y que predisponen a la aparición de traumatismos músculo-esqueléticos durante la interpretación de su instrumento. El objetivo es que cada músico sea capaz de corregir estas posturas y movimientos incorrectos, así como los desequilibrios musculares provocados por la interpretación de su instrumento mediante la realización de ejercicios.

Pegenaute sostiene que el oficio del músico no está tan alejado del deportista de élite, ya que en ambos casos se utiliza el cuerpo para expresarse y comunicarse a través de “grandes esfuerzos físicos”. Por ello, defiende que el músico también debe llevar a cabo ejercicios de calentamiento y estiramientos. En consecuencia, el taller, que tiene un fin preventivo, persigue que el sector incorpore hábitos saludables en su actividad diaria, dándoles claves según la familia del instrumento que se practique.

“El deportista suele tener un montón de fisioterapeutas con él. El músico, no. Ni calienta antes, ni suele estirar su cuerpo después de tocar. Y se debe ajustar su cuerpo a la actividad, sin hacer esfuerzos extras. De hecho, lo habitual es que se cuida más al instrumento que a sí mismo. Y el primer instrumento del músico es su cuerpo;si no está bien, no se podrá tocar bien”, explica Pegenaute. “Hasta hace poco, estas lesiones no estaban recogidas como enfermedades laborales. Ahora, se van ganando ya algunas sentencias que lo reconocen. Una tendinitis en un operario de una cadena de montaje, se aprueba. La de un violinista en un codo, no”, lamenta.

Secciones