Historias de... el primer día del curso universitario

El duro regreso a la universidad

El verano llegó a su fin y, un año más, el curso arrancó en el campus universitario de Leioa. Cuatro alumnas relatan a DEIA cómo ha sido el regreso a las aulas tras las vacaciones.

Por Aner Gondra - Martes, 11 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

PARECE que fue ayer cuando salías de la cama, te embutías un traje de baño y te perdías en la playa. Sestear en la arena, refrescarse en la orillita y tostarse al sol. Sin preocupaciones. Sin madrugones. Sin clases... Parece que fue ayer, pero fue anteayer, porque ayer se acabó lo bueno para miles de estudiantes en Euskadi, que tuvieron que regresar a sus rutinas y sus clases. En el campus universitario de Leioa el trajín de autobuses que llegaban y salían era la prueba de que la actividad ya arrancaba de manera inexorable. En una marquesina, junto a la Facultad de Ciencias, cuatro amigas conversaban, seguramente sobre las impresiones que les había dejado el primer día de clases.

Eran Ainhoa de Getxo, María de Etxebarri, Judith de Burgos y Ainhoa de Logroño. La tres primeras están cursando el segundo curso de Publicidad y Relaciones Públicas, mientras que la riojana está matriculada en el segundo curso de Periodismo. “Dar por finalizado el verano ha sido durísimo”, confiesa la getxotarra. “¡Y abandonar la ciudad, también!”, se lamenta su amiga Judith, que a partir de ahora está instalada en una residencia de estudiantes”. El primer día de universidad no es fácil. “Ha sido un poco duro”, confirma la riojana del cuarteto, “se hace duro madrugar”.

El que ayer arrancaba es el segundo año en la universidad para las cuatro, pero, a pesar de ello, avisan de que necesitarán tiempo para aclimatarse: “Hasta que nos adaptemos un poco, la verdad es que cuesta”. Como si el destino quisiese complicar más ese proceso, ayer se encontraron con una mala noticia: “¡Estamos con gente nueva en clase, nos han cambiado todos los compañeros y eso no gusta!”, explica María, “fastidia mucho”.

La Ainhoa riojana tiene sus clases por las mañanas y eso la convierte en la gran envidiada de la cuadrilla, puesto que las otras tres tienen sus clases por las tardes. Bueno, María tiene mañana y tarde. “Yo también por la mañana, porque tengo asignaturas del año pasado”, confiesa, “tengo doble ración”. Ella misma explica que prefieren ir a clase por la mañana porque así tienen toda la tarde libre. Y eso lo dicen aunque estar en el primer turno implique un alto costo: “¡Lo peor es madrugar!”.

No, no, no, no... Judith recuerda a sus amigas que se les olvida otro gran mal de la vuelta a las clases: “Lo peor es subir hasta aquí arriba. ¡Es media hora en autobús!”. “Además, no funciona muy bien el autobús aquí”, le respaldan las dos Ainhoas, “están muy llenos”. “Yo, que soy de Getxo, tardo media hora, mientras que en coche solo tardo diez minutos”. Peor lo pone María. “¡Pues desde Etxebarri no hay autobús y tengo que ir en metro a Santutxu y allí coger el autobús! La verdad es que es algo por lo que estoy muy enfadada. Y encima es muy caro. Al cabo del año te gastas una pasta en la Barik”. En eso todas le dan la razón y afirman que se gastan entre 45 y 60 euros al mes en autobús para ir a la universidad. Para la burgalesa y la riojana, es todo más sangrante todavía: “Nosotras, que somos de fuera, no estamos empadronadas y no podemos hacernos una tarjeta de estudiante para que nos salga más barato el transporte”.

Mientras montan en el autobús de regreso a casa las cuatro lanzan un propósito para el nuevo curso: “¡Aprobar todas!”.