Mesa de Redacción

Soraya en un mundo raro

Por Susana M. Oxinalde - Martes, 11 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

CON Soraya Sáenz de Santamaría ha ocurrido como en esos curiosos casos alejados del auge y la caída. Es un caso de simpatía gradual desde que llegó a la vicepresidencia del Gobierno, haciendo de portavoz de la demolición hasta acabar siendo una suerte de favorita para la sucesión de Rajoy. Pero Soraya solo cayó bien en el final y fuera, cuando ya era demasiado tarde dentro del partido y esa escuela de sorayos que fraguó durante el ejercicio del vicetodismo de nada sirvió para capitanear ese PP del que no hacía sino renegar. “Los tiene bien puestos”, se venía repitiendo sobre ella, como si lo que se esperase de una mujer al mando fuera solamente un perfil testicular y mucha torería. Interesaba su ‘superego’, su motivación, su imperio y que hacía cosas grandes, como controlar el CNI, pese a ser pequeña. Poco importaba su inacción en la crisis catalana o su cercanía a Euskadi, dar la cara tras los Consejos de Ministros o en la televisión. Soraya siempre estaba ahí, sobreactuada, como ejemplo futuro de infértil lealtad. Luz de aquel Gobierno del plasma, sombra de Mariano, llegó como un concentrado de poder cayéndole la del pulpo por salir corriendo de su baja de maternidad para, pocos años después, llenarse las calles de feminismo. Soraya, con sus pecados de equidistancia y entrega, es el caso de otra mujer en un raro camino marcado por las tres pes: la preparación, la preferencia y el puntapié.

susana.martin@deia.eus