Historias de... el último zapatero artesano

Jesús Chimeno: “Zapateros como yo no quedamos”

Jesús Chimeno. Fotografía Jesús Chimeno Pérez

38 años de pasión y trabajo hecho a conciencia contemplan a este maestro zapatero de los de antes, en un oficio en peligro de extinción que conjuga creación y artesanía a partes iguales

Por Concha Lago - Miércoles, 12 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

CONVERTIDO en un histórico, los zapatos de Jesús Chimeno hablan por él. No hace calzado en serie, no utiliza maquinaria, realiza zapatos a medida para personas con problemas físicos o para aquellos que sueñan con una pieza original en un evento especial. “Hay muchos que dicen que está hecho a mano pero artesanal, artesanal, como yo trabajo, no quedamos ni tres”. “Un zapato artesanal, bien hecho, tiene un precio. 50 horas de trabajo no te las quita nadie y no puedes cobrar a un euro la hora y regalar los materiales”, dice Chimeno reivindicando sus famosas creaciones. “Yo hago el zapato como el cliente desea, él o ella elige la piel, me dice que tiene pensado, cuántos centímetros de tacón quiere”, asegura este zapatero que recuerda los zapatos de Villarejo, en Bilbao, como auténticas obras de arte. Chimeno regenta el taller de zapatería más antiguo de Santander y se ha convertido en todo un referente en Cantabria y fuera de ella porque sus clientes “vienen de todas partes” y le traen las mejores piezas del mercado porque sus trabajos son célebres. Licenciado en Magisterio confiesa que su oficio tiene conexión con sus estudios por el marcado carácter pedagógico que acompañan sus exposiciones y ponencias. Este zapatero remendón, lejos de estar en vía de extinción, tiene lista de espera.

Su lugar de trabajo hace retroceder en el tiempo. Empezó hace 38 años sin experiencia, ni conocimientos previos y todo lo hizo a base de ilusión y tenacidad. Era un oficio denostado, pero él ha conseguido ponerlo en valor. “Tiré por esto porque necesitaba trabajar invirtiendo poco dinero. Los materiales no requerían stock, las herramientas podía comprarlas de segunda mano, y tampoco necesitaba un gran local”. “Empecé con el método de ensayo y error. Las primeras tapas las quitaba cinco y ocho veces. Era hacer y deshacer, destripar los zapatos, me fijaba qué materiales poner”, rememora. No en vano le caracteriza el perfeccionismo y la minuciosidad, y su gusto por las materias primas de primera calidad.

Arregla zapatos de gama alta a la vieja usanza, cose a mano, repara, “todas las suelas de cuero de las marcas buenas, las cambio yo” y colabora con diseñadores locales. Además hace reproducciones de época para exposiciones como chapín veneciano, botín victoriano, zapato de época napoleónica, y crea zapatos que son obras de arte con materiales sorprendentes como el que creó con plumas estilográficas para el homenaje a una librería.

FICHA

Cuándo. Un martes de agosto.

Dónde. Taller artesanal.

Actividad. Maestro zapatero.

Secciones