Mesa de Redacción

Guerra, guerra, guerra

Por J. C. Ibarra - Miércoles, 12 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Siesto no se arregla, guerra, guerra, guerra. El grito de guerra es de los trabajadores del astillero de Navantia en San Fernando (Cádiz) y esto que tiene que arreglarse es la ejecución del contrato para la construcción de cinco corbetas para Arabia Saudí, en el aire si España no le vende al estado árabe una remesa de bombas. Entiendo la postura de los trabajadores, que se niegan a pagar con la supresión del sudor de sus frentes un arrebato de pacifismo, un postureo ministerial, cuando todo el mundo sabe que del comercio de armas sacan tajada multitud de gobiernos y empresas a lo largo y ancho del mundo. Quizá no entiendo tan bien el uso tan alegre por parte de los trabajadores de la palabra guerra, porque ellos saben que las bombas que se van a vender al régimen saudí van a caer sobre las cabezas de combatientes y, seguramente también, civiles yemeníes, que tienen la mala suerte de vivir en un sitio donde la guerra es el pan de cada día y no un eslogan. Las corbetas que se construirán en esos astilleros tampoco serán para realizar cruceros turísticos por el Mar de Arabia. Pero sí, los verdaderos culpables de este comercio cruel que crea tantos puestos de trabajo, y tanta riqueza para gobiernos, jeques y magnates, no son los trabajadores de los astilleros, sino quienes harían cualquier cosa para no perder sus votos. Ahí, todos vamos en el mismo barco. Como decía Groucho Marx, “estos son mis principios;si no le gustan, tengo otros”. O ya puestos, aquello de “más madera, es la guerra”.