Ambiente en las rampas de Oiz

El Tourmalet de Bizkaia

La inédita ascensión al monte Oiz en la Vuelta congrega a miles de aficionados al ciclismo que esperan con ilusión que una etapa de una próxima edición del Tour de Francia circule por las carreteras vascas

Un reportaje de Nagore Marcos - Jueves, 13 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

QUE tras pedalear más de 150 kilómetros al pelotón todavía le quede fuerzas para sonreír mientras sube una pared prácticamente vertical es algo que solo ocurre en Oiz. Porque la inédita ascensión que ayer disfrutó la Vuelta se convirtió en el auténtico Tourmalet de Bizkaia, por sus rampas imposibles y curvas rompepiernas y, sobre todo, por una afición que se lució ante las cámaras. Y es que miles de seguidores se congregaron a ambos márgenes del tortuoso ascenso, justo cuando el asfalto se convierte en pegajoso hormigón, y dieron una gran demostración de lo que es el ciclismo. Desde muchísimas horas antes, y algunos incluso con algún día de antelación, comenzó la peregrinación a la cima de los molinos de viento. Los aficionados probaron en sus propias piernas lo que los corredores sufrirían después y, por eso, cuando los favoritos alcanzaron la curva de los aerogeneradores, a apenas un kilómetro de meta, aplaudieron su esfuerzo como nunca. Los profesionales lo dieron todo y los seguidores, también. Oiz estalló con el paso de Omar Fraile, el gran favorito tras su escapada. Impulsó con sus gritos a Jonathan Castroviejo, que llegó con los dientes apretados, pero entre los primeros. Y, tras aplaudir a los suyos, todavía les quedaron tiempo y fuerzas de jalear a todos y cada uno de los sufridores que cruzaron la línea de meta.

Los ciclistas se pasearon por su alfombra de hormigón sorprendidos. Asombrados de la locura de la afición vasca, que llenó de colorido los últimos kilómetros de etapa. La marea llevó a los corredores hasta la llegada en volandas, se apropió de cada pedalada y demostró que, tal y como explicaron Iker e Igor, seguidores de Amorebieta, “Bizkaia está preparada para traer al mejor ciclismo del mundo”. Es decir, Bizkaia está preparada para acoger al Tour Francia. “Hay muy buenas cimas aquí, quizá no como las de los Pirineos, pero con llegadas realmente preciosas. Además, hay muchísima afición, que también importa mucho”, continuaron los zornotzarras. Y es que ayer quedó claro que los seguidores vizcainos están ávidos de buenas carreras y saben que por montes no será. “Ojalá venga el Tour, por Urkiola, por ejemplo. Unir Urkiola con Anboto y pasar después por Oiz... sería todo un etapón”, explica Markel, que consiguió coronar el monte de los molinos de viento con su bicicleta y acompañado de su cuadrilla. Y es que, para este aficionado vizcaino, “a los mejores ciclistas ya les tenemos aquí con la Vuelta, porque realmente solo falta Froome, pero el Tour es el Tour. Es el gran torneo del ciclismo”. Urkiola fue también el nombre que dijeron Unai, Aiert y Joseba, de Berriz, cuando divagaron sobre qué puerto podría hacer las delicias de la ronda gala. Para estos tres amigos, “hay etapas bonitas de sobra, sería increíble que el Tour de Francia nos pillara al lado de casa”.

la niebla Esther y Jon, dos hermanos de la localidad guipuzcoana Urretxu, consiguieron llegar a la cima de Oiz justo antes de que la niebla engullera todo. La soleada mañana se transformó, en un segundo, en una tarde grisácea. El valle que veneraba el final de etapa desapareció a los ojos de los aficionados, que aun así aguantaron estoicos, rezando al cielo porque no lloviera. No cayó gota alguna y Esther y Jon pudieron descansar sobre el césped de la exigente subida. “Subir a Oiz es una experiencia increíble porque hay unos repechos que machacan. El recorrido es perfecto, pero duro”. Para ambos urretxutarras, Bizkaia dejaría el listón muy alto en el Tour porque “puede ofrecer subidas cortas, pero durísimas”;pero, sobre todo, “porque la cantidad de gente que se congrega es increíble”.