la otra mirada

Efecto llamada versus efecto salida

Nekane Lauzirika - Lunes, 18 de Junio de 2018 - Actualizado a las 09:56h.

CON la amplificación internacional del rescate humanitario del Aquarius ha vuelto a resurgir entre nosotros puertas adentro la implosión mediática acusatoria de tildarlo de efecto llamada en lugar de acto humano de salvación de quienes huyen del hambre, de la guerra, de la persecución ideológica… La recepción a los salvados ha sido multitudinaria, centenares de periodistas les esperaban, seguramente más que migrantes rescatados. En el otro extremo de la cuerda, ayer, al mismo tiempo que la flotilla Aquarius ingresaba en aguas españolas, infinidad de pateras desembarcaban casi mil migrantes en varios puntos de la costa española sin que ningún medio de comunicación cámara en ristre inmortalizara su arribada.

Estos últimos días también hemos escuchado el acusatorio motete de efecto llamada en referencia a la llegada de menores magrebíes a Euskadi, presuntamente al socaire de las generosas ayudas sociales que Gobierno, diputaciones y ayuntamientos vascos les conceden.

Veo lógica la preocupación social por estas llegadas masivas. Desde el punto de vista organizativo y de justicia distributiva es un reto para nuestra sociedad. ¡Un reto, no una invasión! Como cualquier otro ciudadano, también observo que junto a este contingente de migrantes necesitados se mueve una pléyade de buitres carroñeros, blancos-negros en comandita de extorsión, que les sacan los ojos y les comen las entrañas;mafias tratantes de esclavos del siglo XXI.

De modo que al rebufo de esta realidad resulta muy fácil que sectores con marcado sesgo ideológico de rechazo al diferente lo catalicen socialmente planteándolo como invasión por efecto llamada. La respuesta modelo Matteo Salvini es tan vieja y de manual fascistoide como fácil de entender, y a corto plazo bastante rentable políticamente. Políticos de tertulia de café que todo lo arreglan manu militari, policía, vallas y concertinas.

No ahora, sino hace ya décadas, siempre me sorprendió la presencia en las capitales africanas de tantos europeos-americanos-japoneses- chinos haciendo negocios con las inmensas riquezas de esos países. Petróleo, diamantes, maderas preciadas, cacao, uranio, coltán… que se traían a los países ricos sin que el dinero pagado a unos pocos supermillonarios del lugar permease, ni tan siquiera un poquito, a los naturales del país en forma de mayor educación, servicios sanitarios u oportunidades de trabajo y progreso.

Comparto mi entorno con muchos descendientes de migrantes a Euskadi de hace sesenta o setenta años. Cuando hablan de sus padres no dicen que vinieran por el efecto llamada vasco-catalán-madrileño-suizo o francés, sino porque un potentísimo efecto salida, sencillamente porque su entorno no les ofrecía futuro alguno.

¿Solución? La misma que en España hace sesenta o setenta años: migrar a lares con futuro, Euskadi, Madrid, Catalunya, Suiza, Alemania, Francia, Inglaterra… ¿Acaso no tienen ahora el mismo derecho que nuestros antepasados disfrutaron entonces? Hablamos de África porque está más cerca, pero con la migración al norte de México o de filipinos y malayos a países ricos de Oriente Medio sucede algo similar.

Si los Trump e imitadores encubiertos que existen repartidos por el ancho mundo de la insolidaridad humana esquilman los recursos de sus países y ponen aranceles estratosféricos a sus productos… ¿qué oportunidad les dejan sino el efecto salida?

¿Por qué entonces nos autoengañamos hablando de efecto llamada cuando a todas luces es un clarísimo efecto salida?

nlauzirika@deia.com @nekanelauzirika