"No creo" que pueda salvar nada, afirma Antoni

"Lo más triste es la gente que ha muerto, lo otro en un par de años..."

Ha perdido todos los muebles de un almacén, parte de la maquinaria de su carpintería, una furgoneta y dos coches, pero no llora su desgracia, porque su familia está bien. "Lo más triste es la gente que ha muerto, lo otro en un par de años...", explica Antoni.

EFE - Miércoles, 10 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 17:59h.

Sant Llorenç des Cardassar (Mallorca). Vacía el almacén, situado a escasos metros del torrente que atraviesa Sant Llorenç, y explica que el más nuevo de los turismos de la familia, el "flamante" vehículo de su mujer, fue arrastrado más de 300 metros por el agua hasta que quedó empotrado en un pino que lo detuvo.

"No creo" que pueda salvar nada, afirma Antoni, que dejó el trabajo cuando la lluvia se hizo más copiosa y se protegió de la crecida en el piso superior de su casa.

También subió a la planta alta de su casa, pegada al cauce del torrente, Pedro, un octogenario que estaba acompañado por su mujer cuando el agua empezó a entrar en la vivienda.

Hasta unos 180 centímetros llegó a alcanzar el caudal desbordado en su casa, pero peor lo pasó uno de sus hijos: "Se encontró con dos mujeres y subieron al tejado, con los niños y todo".

Muy cerca vive Magdalena, que limpia con gesto de impotencia las dependencias de la planta baja de la casa familiar. "Nosotros vivimos arriba, pero abajo tenemos una cocina y una cochera. Un desastre", cuenta.

A estas pérdidas se suman la de dos vehículos: "Teníamos dos furgonetas (aparcadas) delante (de la casa) y veíamos cómo se las llevaba el agua", lamenta la vecina de Sant Llorenç.

En la misma casa vivió la última gran riada que sufrió el pueblo, en 1989. "Aquella vez se llevó dos puentes, pero nos ha hecho más destrozo ahora", asegura.

Jordi también recuerda aquella riada, pero recalca que "esto es mucho más fuerte". Habla de la fuerza y del ruido que provocó ayer el agua y cómo arrastraba y levantaba los coches: "Fue una barbaridad". 

 "Está todo destrozado"

Mauricio, distribuidor mayorista de piezas mecánicas de embarcaciones, limpia con calma su almacén embarrado junto al torrente de Sant Llorenç des Cadassar sin quejarse por los daños y piensa en sus vecinos: "Es solamente material, pero hay gente que lo ha perdido todo".

Holandés afincado en Mallorca desde hace 11 años, insiste en su suerte y se compadece de quienes han perdido familiares y amigos. "Otros han muerto", dice.

Al otro lado de la calle enfangada, la ecuatoriana Ángela permanece con los brazos en jarra en medio de la panadería que regenta desde hace 12 años. Varios hombres la ayudan arrojando fuera del local muebles y neveras.

Cuando se produjo la "torrentada" estaba en Manacor, y hasta esta mañana no ha podido comprobar que había perdido todo el contenido de su establecimiento. "Está todo destrozado", explica marcando el nivel al que llegó el agua, que superó los 150 centímetros de altura.

Otro negocio del pueblo que no resultó dañado acentúa hoy su función social. Es el bar Sa Verga, cerca de la plaza de la iglesia. Sus dueños cuentan a los parroquianos que su casa no ha sufrido daños, pero su coche fue arrastrado por la riada.

En un momento en que la televisión muestra imágenes del torrente captadas por vecinos en la tarde de ayer, Magdalena, tras la barra, exclama: "Mira, ahí va mi coche", "lo tenía en el taller y no pude ir a recogerlo".